domingo, 14 de octubre de 2012

INTRODUCCION

El amor romántico es un producto cultural. Es un conglomerado de relatos, leyendas, mitos, cuya estructura se repite en todas las sociedades patriarcales casi invariablemente. Los héroes y las heroínas siguen siendo los mismos: mujeres y hombres heterosexuales que tras luchar contra una serie de obstáculos, logran reunirse con su amado o amada. Ellos son de una manera, y ellas son diferentes, de modo que se complementan a la perfección. Nos venden las historias románticas como ejemplos revolucionarios, pero el amor es también un anestesiante social. Es un mecanismo de control social que permite que todo siga como está. Ensalzando la pareja heterosexual y monogámica y embelleciendo las historias de amor y desamor, asumimos lo “normal” y lo “natural” a través de estos cuentos. Aprendemos a ser hombres y a ser mujeres, aprendemos a relacionarnos bajo unas pautas muy determinadas por las costumbres, prohibiciones, tabúes, creencias, prejuicios, etc de la sociedad a la que pertenecemos. Soñamos con el amor, nos desesperamos en las rupturas, perdemos la cabeza cuando somos correspondidos, nos cambiamos de país por amor, necesitamos compañía, chocamos con otros cuerpos y otras soledades, pero no sabemos querernos. Las expectativas generadas por los modelos de princesa y príncipe azul se derrumban cuando nos relacionamos en la vida real. La idealización y la decepción van parejos en un mundo en el que otras formas de amarse se presentan como aberraciones y provocan escándalo.


¿QUE ES EL AMOR? 
 El amor, etimológicamente, tiene como prototipos el sentimiento maternal, el sentimiento erótico y la amistad. La palabra amor procede de la raíz amma “madre”, de modo que el amor es maternal. También de aquí deriva “amistad”. El fenómeno romántico está relacionado asimismo con el apego, la querencia, el deseo, el cariño, la pasión, la amistad, la búsqueda, el erotismo, la sexualidad, los cuidados y la atención, la intimidad y el compromiso. A nivel etimológico, por ejemplo, el amor se relaciona con el deseo: querer procede de quarare, “buscar” Otra raíz es la de eros, palabra de origen desconocido que designaba el dios del amor y el deseo sexual en la Antigüedad griega. Por último, libido significa también “deseo”. Procede de la raíz indoeuropealeubh-, “amar, desear”, de donde han derivado el inglés love y el alemán liebe. También se relaciona etimológicamente con el agrado, el cuidado y con la pertenencia a un grupo: la raíz griega phil, de origen desconocido, no expresaba un sentimiento, sino la pertenencia a un grupo social. Se utilizaba también para las relaciones de hospitalidad; de allí pasó a significar “amigo”. De esta raíz procede también filtro como “bebedizo para despertar el amor”. Otra familia, dilección, deriva del latín diligere, palabra curiosa que procede del verbo leer, y que designa una elección y estima basada en la reflexión. Implica “cuidado, atención”. La palabra diligente ha pasado a significar “dispuesto a hacer con prontitud e interés las cosas que tiene que hacer” pero, según Marina (1999), se utilizaba originariamente como la palabra para designar el significado de “amante”

El amor de pareja: el colocón del romanticismo 

 El amor pasional es una forma de relacionarse con los otros miembros de la sociedad, y con los miembros de otras sociedades, y a la vez un estilo de vida, una forma de estar en el mundo, una amalgama de sentimientos, una forma de enajenación y al mismo tiempo de lucidez mental, pues el amor es una vía hacia el conocimiento, como dijo Platón hace muchos siglos.

 El amor es consecuencia del miedo humano a la soledad, pero a la vez es una aventura por las profundidades de nuestro ser que hay que vivir con valentía para ser disfrutada.

 En el amor romántico confluyen el arrebato y la contención, el paso de los años y la pasión de una noche. Es una condensación de mitos que circulan por el espacio colectivo, pero también un sentimiento que genera potentes hormonas y respuestas físicas visibles e internas que sacuden y modifican el organismo humano, su conducta y sus actuaciones. El amor nos hace tomar conciencia de la muerte y de la vida como procesos inseparables. Nos produce una sensación de poder abarcar la totalidad del ser, porque nos vuelve hacia nosotros mismos, y en ese proceso podemos conocer la realidad desde la propia realidad, como si fuese la de la Humanidad entera. Esto sucede porque al volverse hacia sí, el humano encuentra su animalidad a través de su propio cuerpo, sus deseos, e instintos. Y también se choca con la realidad de su pequeñez y vulnerabilidad; por eso ansiamos la eternidad, la perfección, el infinito, la sublimación de los sentimientos.

La cultura amorosa: cómo construimos el amor

El amor es una construcción humana sumamente compleja que posee una dimensión social y una dimensión cultural. Ambas dimensiones influyen, modelan y determinan nuestras relaciones eróticas y afectivas, nuestras metas y anhelos, nuestros gustos y nuestros sueños románticos. Tanto la sexualidad como las emociones son, además de fenómenos físicos, químicos y hormonales, construcciones culturales y sociales que varían según las épocas históricas y las culturas. El amor se construye en base a la moral, las normas, los tabúes, las costumbres, creencias, cosmovisiones y necesidades de cada sistema social, por eso va cambiando con el tiempo y en el espacio, y por eso no aman igual en China que en Nicaragua, ni los inuit aman del mismo modo que los semais
El amor romántico nunca ha tenido tanta importancia en la vida de los humanos como en la actualidad. Hoy en día la gente que no tiene que preocuparse a diario por la supervivencia, gasta una gran cantidad de tiempo y energía en encontrar 12 al amor de su vida. Nos buscamos en las redes y en los bares, consumimos películas románticas, desea mos vivir historias de pasión, nos enamoramos platónicamente alguna vez en la vida, nos juntamos y nos separamos, nos olvidamos, volvemos a soñar con una relación ideal.
El amor romántico es, en este sentido, un ideal mitificado por la cultura, pero con una gran carga machista, individualista, y egoísta. A través del amor romántico se nos enseña a relacionarnos, a reprimir nuestra sexualidad y orientarla hacia una sola persona. A través de las ficciones que creamos y los cuentos que nos contamos, aprendemos cómo debe de ser un hombre, y como debe de ser una mujer, y muchos siguimos estos modelos de masculinidad y feminidad tan limitados para poder integrarnos felizmente en esta sociedad y encontrar pareja. La prueba más patente es que toda la imaginería colectiva amorosa occidental está formada por parejas de adultos de distinta identidad genérica; son uniones de dos en dos cuyo final está, como en el caso de la moral cristiana, orientado al matrimonio y a la reproducción. Además, los sistemas emocionales y sexuales alternativos (amor en tríos, cuartetos y grupos grandes, amor entre ancianos, amor entre niños, amor entre personas del mismo sexo/género o de diferentes clases socioeconómicas, razas o culturas) siguen siendo considerados desviaciones de la norma, y penalizados, por tanto, socialmente El amor, pues, en su dimensión política y económica, se nos presenta como un mecanismo del sistema para perpetuarse. Para que todo siga igual, hacen falta parejas heterosexuales que traigan al mundo a nuevos consumidores/trabajadores que se casen y permanezcan dentro del 13 modelo de familia considerado "normal". Por eso nos seducen con amor mitificado.

El amor romántico desde una perspectiva científica.¿Por qué y para qué estudiar el amor?

 La Antropología ha estudiado temas como la familia, el parentesco, el matrimonio, el comportamiento sexual, los ritos vinculadores, el apego, el beso y las conductas altruistas, pero no específicamente el amor romántico, considerado generalmente como una peculiaridad exclusiva de las civilizaciones occidentales. La Sociología se ha centrado en el análisis del matrimonio (y la satisfacción en el mismo) como unidad básica de la estructura social y sólo en contadas ocasiones ha concedido suficiente atención a la importancia estructural del amor y las creencias románticas en nuestra sociedad. En el campo de la Historia, destacan las obras de algunos historiadores sobre el matrimonio (Westermarck, 1926) y la pasión (De Rougemont, 1939). En el campo de las ciencias sociales, el interés por las emociones también se ha visto incrementado a medida que avanzaba el siglo XX. Ortega y Gasset (1941) se quejaba de que el tema del amor no fuese objeto de investigación científica o filosófica: “Si un médico habla sobre la digestión, las gentes escuchan con modestia y curiosidad. Pero si un psicólogo habla del amor, todos le oyen con desdén, mejor dicho, no le oyen, no llega a enterarse de lo que enuncia, porque todos se creen doctores en la materia. En pocas cosas aparece tan de manifiesto la estupidez habitual de las gentes. ¡Como si el amor no fuera, a la postre, un tema teórico del mismo linaje que los demás, y por tanto, hermético para quien no se acerque a él con agudos instrumentos intelectuales!”. La Psicología Social comienza a tratar el tema en 1964. Secord y Backman incorporan en su manual de la disciplina un capítulo sobre atracción interpersonal donde se incluían unas breves consideraciones sobre el amor. Un año más tarde, Aronson y Linder (1965) divulgan su clásica “ley” sobre la atracción interpersonal. Poco después, Bloom (1967) publicará un artículo sobre el concepto de amor y las tipologías amorosas, todo ello en revistas propias de la Psicología Social. A mediados de los años 70, el análisis científico del amor se va paulatinamente desmarcando del área de la atracción interpersonal, al tiempo que surge una verdadera explosión y auge de las investigaciones: centenares de artículos, decenas de volúmenes monográficos y manuales, cursos, seminarios, congresos, etc., e incluso alguna revista especializada, como el Journal of Social and Personal Relationships, donde buena parte de los artículos publicados se centran en el amor o en temas muy afines. El amor ha logrado que el ser humano cuide de sus semejantes más indefensos (ancianos, bebés, enfermos), y que la gente disfrute en la interacción con el resto. Las relaciones amorosas de pareja, además, son placenteras porque generan sentimientos positivos y porque es una fuerza creadora y constructiva que ilusiona a las personas y las anima a seguir viviendo, pese a la crueldad y precariedad a la que tiene que enfrentarse el ser humano a lo largo de su vida. Además de estudiar las raíces del amor romántico en nuestra cultura occidental desde Grecia, pasando por el amor cortés del siglo XII y el Romanticismo del XIX, quise estudiar las relaciones amorosas en la actualidad, porque es la época histórica que me ha tocado vivir, y la que más me apasiona. En mi esfuerzo por entender por qué existe ese vacío social, por qué la gente ya no persigue metas colectivas, me centré en el análisis de lo que denominé la utopía emocional colectiva romántica de la Posmodernidad, porque entiendo que hoy el amor idealizado nos ofrece la salvaciónfrente a la angustia existencial, el horror vacui, y la falta de sentido que impregna la realidad occidental. Y es que hay que dejar atrás el modelo patriarcal para poder abrir el campo amoroso y crear otras relaciones más ricas, complejas y libres, no sujetas a la heterosexualidad, la dualidad, la superioridad masculina, la monogamia femenina, la genitalidad o el adulterio. Aquí es donde toma cuerpo el lema sesentayochista: lo personal es político. Y es que es en las emociones donde se libra la gran batalla contra el patriarcado; una vez iniciada la lucha por la Igualdad política a través de las leyes y la economía, lo lógico es liberar al cuerpo, a las emociones y los sentimientos de estructuras rígidas y jerárquicas, y ponernos a inventar otras formas de amar…